Las noches en los parques y plazas de Campo Grande se llenan de duendes, duendes soñadores, frágiles, vulnerables, que duermen en los árboles y que a cambio de unas fotos piden perritos calientes, no sin antes contar con la autorización de su líder, una niña de 15 años que luego de compartir mucho tiempo con ella y ganar su confianza me da su bendición bajo la premisa de que ella no salga en las fotos. Los agentes municipales que me acompañan les ofrecen pasar la noche en un centro abierto donde podrán comer y ducharse, pero ellos son reticentes a acceder a tan riesgosa oferta. Aceptan y allí vamos en una VW T2.
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